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Coraline: La Pequeña Niña que Desafió a un Dios

Todos los seres humanos pasamos por la etapa de la niñez en la que no tenemos la necesidad de preocuparnos por lo que pasa a nuestro alrededor. Somos inocentes y no tenemos experiencia, por lo que nuestros problemas son atribuidos a los parientes, ascendientes que denominamos familia. Los familiares, además de encargarse de solucionar los problemas de los infantes, también tienen la tarea de educar e inculcar los valores que normalmente se han acostumbrado a enseñar por generaciones dentro de su estirpe, pues es una costumbre que les ha permitido vivir en sociedad. Muchos de estos valores probablemente se deriven de las enseñanzas de una religión, un sistema cultural que permite al hombre generar confianza y tranquilidad al pensar que un ente superior cuida de él desde un plano espiritual.

En nuestra realidad, una gran parte de la humanidad cree en estas entidades con poderes sobrenaturales que son imposibles de ver desde el plano terrestre. Sin embargo, para ver seres poderosos que nos puedan someter, no tenemos que buscarlos en la Biblia o el Corán. ¿La razón? Hemos vivido con ellos desde que tenemos memoria: ellos son nuestros parientes, más específicamente nuestros padres. Son los que nos dieron a luz, nos alimentaron y nos enseñaron sus propias doctrinas (probablemente derivadas de alguna religión). Dependemos de ellos. Son como dioses para nosotros cuando somos niños. Como los seres religiosos, nos brindan confianza y tranquilidad con su religión. Pero a medida que crecemos, nos damos cuenta de que el poder que tienen sobre nosotros ya no es suficiente, pues parece que ya no pueden satisfacer del todo nuestras necesidades o quizás nos dimos cuenta de que algunas de sus enseñanzas no eran buenas en absoluto. Estos dioses nos fallaron. Puede que necesitemos algo nuevo en lo que creer. Otros dioses, o mejor dicho, otros padres. 

Coraline es una película de animación stop-motion estrenada en el año 2009 y dirigida por Henry Selick (Pesadilla Antes de Navidad). El film está basado en la novela del mismo nombre escrita por Neil Gaiman. La historia de la pequeña niña de doce años que abre la puerta hacia lo desconocido cautivó la atención de todas las audiencias alrededor del mundo, pues se presenta como una película de terror dirigida a un público infantil y que, al final, resulta poniendo los pelos de punta a más de un adulto. Lo anterior nos hace preguntarnos ¿Por qué? ¿Qué razón hay para que una película clasificación PG pueda generar un sentimiento de terror y angustia en un mayor? Desde lo personal, creo que esta reacción se produce debido a que el largometraje presenta elementos perturbadores y un sutil simbolismo religioso que enaltecen los aspectos más aterradores de la historia con el objetivo de demostrarnos cómo sería un dios si este no tuviese misericordia de sus creaciones.

Después de los créditos iniciales, se nos muestra como el ser conocido como la Otra Madre (Teri Hatcher) hace uso de sus habilidades de costura para crear una muñeca con la apariencia de su próxima víctima, Coraline Jones (Dakota Fanning). La figura de trapo tiene como función ser los ojos de la Otra Madre en el mundo ordinario, lo que le permitirá espiar a la niña y averiguar qué es lo que más desea. Además, la muñeca es la que guiará a Coraline al descubrimiento de la puerta que la llevará al mundo moldeado por el ente.

A lo largo de la primera noche en que la niña visita este mundo, la Otra Madre de Coraline satisface sus deseos más básicos, como los platos preparados por su madre y la jardinería hecha por su padre. No obstante, Coraline no solo rogaba a sus verdaderos padres que cumplieran sus caprichos. También les suplicaba por atención, cosa que la niña pedía a gritos desde que se habían mudado a la nueva casa. Coraline era ignorada, no tenía amigos y solo podía interactuar con sus vecinos, fenómenos demasiado extraños y molestos como para poder sostener una conversación agradable. La Otra Madre había sido testigo de todo esto a través de los ojos de la muñeca, por lo que ahora más que nunca no despegaría sus negros ojos de botón de la niña. La haría el eje central de su mundo, todo giraría alrededor de ella. 

La Otra Madre logró, según lo observado a través de su enviada al mundo ordinario, reconstruir el escenario detrás de la puerta de acuerdo a los deseos más profundos de Coraline. Comenzó con la creación de un ser más complejo que la muñeca: el Otro Padre, sujeto que, al igual que la Otra Madre, imita la apariencia y voz de uno de los progenitores de la niña. Aunque este individuo actúa por su propia voluntad, es constantemente controlado y mantenido a raya por su creadora, al igual que los demás seres que imitan a los vecinos de Coraline. La diosa había creado un ambiente completamente renovado a partir del que había sido fabricado e impuesto por los anteriores dioses de Coraline. En este nuevo ambiente no regían las reglas de su anterior religión. Coraline ya no estaba sometida a la aburrida rutina impuesta por sus padres, no era obligada a visitar a sus extraños vecinos o a realizar actividades irrelevantes como contar las ventanas – tareas que sus padres le ordenaron con el único propósito de que la pequeña no les molestara o les estorbara mientras ellos trabajaban en sus catálogos de jardinería. 

La Otra Madre utilizó la misma técnica que probablemente fue usada por los padres originales de Coraline cuando ella era pequeña. La mayoría de los niños en sus primeras etapas de crecimiento se ven rodeados de maravillas propias de un nuevo mundo, placeres brindados por los únicos dioses que por ahora conocen. La inocencia que los pequeños desbordan en esta fase permite a los padres manipularlos de una manera sutil mediante simples pero efectivos regalos como pueden ser caramelos o juguetes. Cosas tan banales logran generar empatía en un niño, lo que permite a los padres obtener un poder inimaginable sobre sus hijos. Con el tiempo la visión del mundo que poseen los pequeños podrá verse influida por la de sus padres. Muchas veces el infante puede verse cegado por sus dioses. Coraline ya está cansada de esa visión del mundo. La Otra Madre le ofrece a la niña no solo caramelo, le ofrece una montaña de ellos. Los juguetes aquí son muchísimo mejores, es más, se mueven por sí solos. La manipulación se acabó, o eso es lo que pensaba la niña. Pero, en realidad, Coraline una vez más se entregó ciegamente a una nueva religión.

Los habitantes aquí también poseen libre albedrío, pero al igual que en lo establecido dentro de la religión, su  libertad se ve limitada por reglas, que en el caso del cristianismo se denominan mandamientos. Los habitantes de este mundo se ven acorralados por las órdenes impuestas que benefician de manera directa a la Otra Madre. Aún así, al igual que aquellos que han jurado piedad al dios cristiano o a individuos poderosos como ellos, los clones son capaces de desarrollar sentimientos y diferenciar entre el bien y el mal. Lo anterior se puede evidenciar cuando el Otro Wyborne ayuda a Coraline a escapar de la habitación del espejo al sentir culpa por el futuro que le espera a su amiga. Un sentimiento parecido expresa su Otro Padre cuando se libera de la mantis jardinera para después clamar perdón por verse obligado a hacerle daño a la niña.

Visita tras visita, las maravillas creadas por la Otra Madre cumplen su rol al enardecer el brillo en los ojos de la niña. Coraline se siente feliz: esta diosa le ha brindado una estadía de ensueño en un mundo colorido y alegre. Sin embargo, la tercera vez que la pequeña niña vuelve a este territorio, las cosas son diferentes. La Otra Madre preparó su más elaborado espectáculo para cerrar con broche de oro esta fantasía hecha realidad y así poder revelar finalmente sus verdaderas intenciones. Después de haber exhibido sus más complejas y detalladas creaciones como el hermoso jardín del Otro Padre y el divertido circo de ratones malabaristas del Otro señor Bobinsky, era el turno de arreglar el último aspecto que no le agradaba mucho a Coraline de su nuevo hogar: las extravagantes señoritas Spink y Forcible.

La diosa convierte el pequeño sótano en el que viven las dos mujeres amantes de la actuación y la taseografía en un gran escenario digno de Broadway, donde sus copias se enfrentan para acaparar el reflector. En un momento de la presentación, las dos mujeres dejan sus disfraces de anciana a un lado y se revelan como sus versiones más jóvenes y bellas. Es aquí, mientras se balancean en el aire, cuando comienzan a recitar un famoso poema de una de las obras más famosas de Shakespeare, Hamlet

“¡Qué gran obra es el hombre! ¡Qué noble es su razón! ¡Qué infinitas sus facultades! ¡Qué expresivo y admirable en su forma y sus movimientos! ¡Qué semejante a un ángel en sus acciones! Y en su espíritu, ¡qué semejante a Dios! ¡La belleza del mundo; el más perfecto de los animales!”

La Otra Madre habla mediante sus creaciones. La diosa del territorio detrás de la puerta idolatra al ser humano de nuestro mundo. Y no solo lo expresa con elogios mediante un fragmento de Hamlet, ya que también lo manifiesta cumpliendo los deseos de Coraline. Aunque si nos ponemos a investigar, parece ser que a las Otras señoritas Spink y Forcible se les olvidó recitar una parte esencial del poema original. El siguiente fragmento sigue justo después de todos los elogios al hombre:

“Sin embargo, para mí, ¿qué significa esta quintaesencia de polvo? El hombre no me deleita, no, tampoco la mujer, aunque por tu sonrisa pareces creer que es así”.

Este segundo fragmento tiene una razón para no ser recitado. Las alabanzas que se enuncian en el primero van dedicadas a Coraline, que como ya sabemos, es una creación del mundo ordinario. Un individuo que es de lo más parecido a su creador y que, aunque muera, su alma podrá trascender. Lo que viene después se puede relacionar con la frustración que tiene la diosa con sus creaciones. El segundo fragmento va dedicado a la pequeña porción de humanidad que habita su mundo. Las invenciones de la Otra Madre, además de carecer de espíritu, van perdiendo su forma. Estructura ósea que rápidamente se convierte en lo que alguna vez fue polvo. Justo como lo dicta la Biblia: “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás” (Génesis, Cap. 3, Vers. 19). La diferencia es que los seres moldeados por el dios cristiano están dotados con una esencia que tiene la capacidad de alcanzar un plano espiritual que burla a la inexistencia. Además, poseen un cuerpo que puede durar años sin marchitarse si en él habita un alma. 

La Otra Madre está celosa del dios cristiano y quiere imitarlo a toda costa. Pero no lo logra, ya que le falta lo más complejo de repetir: un alma. Se termina el espectáculo. Ahora es el momento. La Otra Madre le pide a Coraline su consentimiento para dejar que ella reemplace sus ojos por botones. ¿Por qué? Simple. Como dice el dicho: “Los ojos son la ventana del alma”. La única forma de arrebatar el alma es llevarse también lo que permite demostrar que poseemos una. Necesita robar los ojos que los humanos usan para expresar algo tan esencial como las emociones. Es por esta razón que mantiene cautivos los espíritus de los otros tres niños, pues son los que le permitieron dar vida a su mundo. Los fantasmas de los infantes tienen una única expresión en su cara al momento en que Coraline se los encuentra, pues no son capaces de expresar sentimientos. Por ende, cuando la niña consigue los ojos contenidos dentro de los objetos que han sido escondidos por la Otra Madre durante el clímax de la historia ( representaciones físicas de las verdaderas intenciones que muchas veces a nuestros padres les gusta escondernos), el escenario a su alrededor se cae a pedazos. Ya no hay vida que sostenga al entorno ni a sus habitantes. No obstante, para poder destruir el mundo de esta diosa y recuperar a sus verdaderos padres (pues habían sido capturados), Coraline primero tuvo que desafiar a la Otra Madre. El ente ya había tomado su verdadera forma después de que la niña se negara a entregarle sus ojos,  se revela con una apariencia monstruosa.

Finalmente, la niña consigue escapar y liberar el alma de los niños. Las creaciones han vuelto al reino de los cielos junto con su creador, el dios cristiano. Lo anterior se puede confirmar cuando los pequeños se nos presentan como ángeles con aureolas, representación propia de ilustraciones cristianas. Sin embargo, los infantes no se van sin antes advertir a Coraline que la diosa no se ha rendido, pues la puerta aún puede ser abierta. Debido a esto, la niña destruye los últimos restos de la Otra Madre y tira la llave de la puerta en un pozo, sellando así el destino del ente. Es así como Coraline, una pequeña de doce años de edad, tuvo el atrevimiento de desafiar a un dios y llevarse la victoria.

A pesar de que este ser fue enterrado para siempre por nuestra heroína, de una forma u otra, la diosa conocida como la Otra Madre sigue aterrorizando con su complejo de dios a muchas personas que han visto este filme. Encontrar un significado tan oscuro dentro de una película que va dirigida a niños da de qué pensar. Algo aterrador para recalcar es que los dioses en casa, nuestros propios padres, no son muy diferentes a los dioses de las religiones. Muchas veces nos vemos forzados y manipulados por ellos. Aún así, llegará un punto en el que podremos elegir. Podremos ser como Coraline y revelarnos contra enseñanzas impuestas. Así, cuando crezcamos y nos convirtamos en los pequeños dioses de nuestros hijos, podremos ser mejores para no fallarles a nuestras creaciones

Daniel Cruz Martínez

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1 Comment

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